• Lola

PUEDE CAMBIARLO TODO…


Papel, un trozo de papel, puede cambiarlo todo...

Hacían por los años del 2011, cansada de sufrir de depresión, cansada de no tener un norte claro por el cual luchar, cansada de la mediocridad de mis pensamientos y de la falta de identidad en mi corazón, un día me encontré con ese “papel”. Ese, que decían podía cambiar tu vida para siempre. Ese, que decían que te alumbraba como luz y que sus palabras saltaban como verdades sobre ti y te llenaban de una convicción que no te permitía volver atrás.

Y allí estaba yo, deseosa de ver una luz que iluminara esa vida que cada día se hacía más oscura. Deseosa de dejar toda mi historia en el pasado.

Quise creer que podía hacerlo sola, y que no necesitaba ayuda de nadie, mucho menos de Dios, pero no fue así. Cada día me hundía en una arena movediza que no me dejaba avanzar, que me ahogaba, que no me dejaba respirar.

Por un momento pensé que no lo lograría, hasta que leí ese papel. Ese, del que todos hablaban, ese que tenia luz, que tenia verdades que desconocía. Ese que decían podía cambiar mi mente, mi alma, mi corazón. Cuando lo leí, fue como un velo que cayó de mis ojos, como si por un momento la herida había sido levantada otra vez pero ahora seria para curarla para siempre.

Solo bastó con leer: Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. Salmos 32:8, para que mi vida no volviera a ser la misma nunca más.  Para que por primera vez en mucho tiempo me sintiera importante para alguien, para que me inundara una paz que hacía mucho no sentía.

Reconocer que esta palabra se convirtió en aquello que las personas decían, reconocer que esa palabra fue como agua en medio del desierto, como dirección en medio de la noche, como abrazo en la soledad, ya no será un secreto que guarde en lo más profundo de mi corazón.

Si lo hizo en mi, también lo puede hacer en ti.

Papel, un trozo de papel me embarcó en este viaje tan maravilloso de conocerme cada día, el mismo que mis antepasados comenzaron, hace miles de años…

A veces, el viaje más largo es la distancia de conocernos en lo profundo de nuestro interior. ¡ No te rindas!

Con amor,

Lola.



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